Devocional: Cenaré con él, y él conmigo. Ap 3:20

 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Apocalipsis 3:20 


Con cierta frecuencia encontramos en la palabra de Dios que la vida del hombre o su corazón son descritos como una casa, un lugar; con el propósito de ilustrar de manera sencilla en cómo las diferentes enseñanzas de Dios a lo largo de toda la escritura pueden transformar al hombre, su vida o su entorno. Un ejemplo claro de este símil está también en Mateo 12:43-45, 2 Timoteo 2:20-21 o Mateo 7: 24-27.


El texto puede ser dividido en tres partes, primero podemos analizar:

1. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”

  • Jesús es quien nos busca, él es quien va hasta la puerta de nuestros corazones; nosotros somos incapaces de buscarle (salm 14:1-3 y Efe 2:1), esa incapacidad de buscarlo es producto de nuestra muerte espiritual antes de conocerlo, es irremediablemente imposible ser nosotros los que tomemos la iniciativa de buscarlo. 

  • A pesar de conocer nuestra condición, el llamado a la puerta de nuestro corazón que Jesucristo hace es generoso, paciente y misericordioso; su llamado no es simple (en un sentido de alcance) , en la última parte de este verso podemos ver lo grande de su llamado. La paciencia con la que nos llama no tiene comparación, dice el salmos 103: “Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia”. 


2. “Si alguno oye mi voz y abre la puerta”

  • Él espera que [algunos] abran esa puerta en sus vidas, esto entonces implica que evidentemente habrá otros que no abrirán esa puerta y van a ignorarlo en la entrada de sus corazones (mat. 7:24-27, aquí el señor les dice a unos prudentes y a los otros insensatos). Si tan solo el hombre pudiera conocer con anticipación a Jesús antes de abrir la puerta, estoy seguro que al abrir lo recibirían con el mayor de los gozos. 

  • ¿Quién de nosotros abriría su casa a un ladrón?, el señor Jesús es todo lo contrario, él no es un usurpador o invasor, lejos de eso quiere traer toda clase de bendiciones celestiales a nuestras vidas (Efe 1:3) , él quiere reconciliarnos con el Padre, seguramente quien abra esa puerta no volverá a ser igual.

    Algunas preguntas para pensar:
    ¿Cómo podemos estar seguros de que Jesus está llamando a la puerta? ¿Cuál es el sonido de esa voz?




3. “Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

  • El señor no dice hablaré con él , Jesús no solo quiere saludarnos, su visita no es un acto esporádico o pasajero. Entrar en nosotros hace referencia a una acción completa, no a medias; si él entra a un lugar es al espacio completo, no se limita a una área solamente, no es una esquina de la casa, él espera que al abrir la puerta de nuestra casa sea a su totalidad y no a un pequeño espacio en ella.

  • Cenar con el señor en este pasaje habla de un acto muy íntimo, algo muy importante dentro de la casa, es un espacio de comunión con los miembros de aquella casa. Podemos decir entonces, que el señor quiere HABITAR en la casa. 


Sobre este último punto me gustaría hacer una conclusión utilizando uno de los pasajes bíblicos que puse en las primeras referencia, Mateo 12:43-45, la historia de un hombre que es atormentado por espíritus inmundos y un día el demonio sale de aquel hombre y sin tener descanso fuera de él regresa y encuentra que su “casa” (el hombre atormentado) está barrida y arreglada, furioso llama a otros demonios para hacer mayor daño a aquel pobre hombre.

El señor Jesús enseña sobre quienes tienen el evangelio sólo como normas morales, estas normas pueden ser un adorno solamente en sus vidas, quizás las enseñanzas de Jesus le hacen sentir una “mejor persona” y sienten que su vida está un poco más limpia que antes. Pero el evangelio no es eso, la esencia dentro de ese mensaje es Cristo mismo, si él no mora dentro de nosotros, si no habita junto nuestro, los espíritus inmundos volverán y al encontrar corazones solamente adornados y barridos del polvillo, harán un daño aún mayor, porque a pesar de tener algunos textos bonitos colgados en sus puertas y ventanas, el Señor y Salvador no estará habitando allí.


Por eso debemos cenar con Jesús, dejarlo pasar, y que se quede a habitar nuestras vidas como Señor. 


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